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Por qué hacen falta los introvertidos

POR Susan Cain
Ni E = mc2 ni Paraíso perdido salieron de un animal festivo. Incluso en ocupaciones obviamente menos introvertidas, como las finanzas, la política y el activismo, algunos de los grandes saltos hacia adelante fueron hechos por los introvertidos

Nuestras vidas son moldeadas profundamente por la personalidad, así como por el género o la raza. Y el aspecto más importante de la personalidad –el “norte y sur del temperamento”, como el científico J.D. Higley señala — es donde nos colocamos en el espectro introvertido-extrovertido. Nuestro lugar en este espectro influye en nuestra elección de amigos y compañeros, en cómo mantenemos una conversación, en resolver las diferencias y en mostrar amor. Esto afecta las carreras que elegimos y si podemos o no tener éxito en ellas. Gobierna en qué tan probable es que hagamos ejercicio (un hábito que se encuentra en los extrovertidos), en cometer adulterio (extrovertidos), en funcionar bien sin dormir (introvertidos), en aprender de nuestros errores (introvertidos), en realizar grandes apuestas en el mercado de valores (extrovertidos), en el retraso de la gratificación (introvertidos), en ser un buen líder (depende del tipo de liderazgo que sea), y en preguntarnos “¿qué pasaría si…”? (introvertidos).

Se refleja en nuestras rutas cerebrales, los neurotransmisores, y en los rincones más remotos de nuestro sistema nervioso. Hoy, la introversión y la extroversión son dos de los temas más investigados de forma exhaustiva en la psicología de la personalidad, despertando la curiosidad de cientos de científicos.

Estos investigadores han realizado emocionantes descubrimientos ayudados por lo último en tecnología, pero son parte de una larga y dilatada tradición. Poetas y filósofos han reflexionado acerca de los introvertidos y los extrovertidos desde los albores del tiempo registrado. Ambos tipos de personalidad aparecen en la Biblia y en los escritos de los médicos griegos y romanos, y algunos psicólogos evolucionistas opinan que ambas tipologías se remontan aún más lejos: el reino animal también tiene sus “introvertidos” y “extrovertidos”, desde las moscas de la fruta hasta los monos rhesus. Al igual que otras parejas complementarias –masculinidad y feminidad, Este y Oeste, liberales y conservadores, la humanidad sería irreconocible, y estaría vastamente disminuida, sin ambos estilos de personalidad.

Desapercibidos

Tomemos los ejemplos de Rosa Parks y Martin Luther King Jr: un orador formidable negándose a ceder su asiento en un autobús con segregación no habría tenido el mismo efecto que una modesta mujer que claramente prefirió guardar silencio dadas las exigencias de la situación. Y Parks no hubiera tenido fuerza para emocionar a una multitud si hubiera intentado levantarse y anunciar que tuvo un sueño. Aunque con la ayuda de King, ella no tuvo que hacerlo.

Sin embargo, hoy reconocemos una amplia gama de estilos de personalidad. Se nos dice que para ser grande hay que ser audaz, que ser feliz es ser sociable. Los introvertidos pasan desapercibidos en los patios de recreo y en los corredores de las empresas. Algunos incluso se engañan a sí mismos, hasta que algún acontecimiento en la vida –la redundancia, un nido vacío, una herencia que los libera para pasar el tiempo como les guste — los empuja a actuar con su verdadera naturaleza.

Vivimos en un sistema de valores que yo llamo el Ideal Extrovertido, la creencia omnipresente de que el ser ideal es el ser gregario, alfa y cómodo en el centro de atención. El extrovertido arquetípico prefiere la acción a la contemplación, la asunción de riesgos a prestar atención, la certeza a la duda. Él o ella están a favor de las decisiones rápidas, aun a riesgo de equivocarse; trabajan bien en equipo y socializan en grupos. Nos gusta creer que valoramos la individualidad, pero muy a menudo admiramos un tipo de individuo, al que se siente cómodo “exponiéndose allá fuera”. Claro, permitimos que solitarios dotados tecnológicamente, que lanzaron grandes empresas desde su garaje, tenga la personalidad que les plazca, pero es la excepción y no la regla, y nuestra tolerancia se extiende principalmente a aquellos que se hacen fabulosamente ricos o que nos hacen la promesa de hacerlo.

Personalidad de segunda clase

La introversión – junto con sus primas: la sensibilidad, la seriedad y la timidez — es ahora rasgo de una personalidad de segunda clase, ubicada en algún lugar entre la decepción y la patología. Los introvertidos que viven bajo el Ideal Extrovertido son como mujeres en un mundo de hombres, disminuidos a causa de un rasgo que va a la esencia de lo que son. La extroversión es un estilo de personalidad enormemente atractivo, pero lo hemos convertido en un estándar de opresión ante el cual la mayoría de nosotros siente que se debe conformar.

El Ideal Extrovertido se ha documentado en muchos estudios. La gente parlanchina, por ejemplo, se ha valorado como más inteligente, más atractiva, más interesante y más deseable como amiga. La velocidad para hablar cuenta también como volumen: situamos a los charlatanes como más competentes y agradables que los lentos. La misma dinámica se aplica en grupos, donde la investigación muestra que el voluble se considera más inteligente que el reticente –a pesar de que hay cero correlación entre el don de la elocuencia y las buenas ideas. Incluso la palabra introvertido está estigmatizada –un estudio informal, realizado por la psicóloga Laurie Helgoe, encontró que los introvertidos describen su propia apariencia física con un lenguaje vivo (“ojos verde-azul”, “exótica”, “pómulos altos”), pero cuando se les pide que describan a los introvertidos genéricos hacen dibujos suaves y de mal gusto (“torpes”, “colores neutros”, “problemas de la piel”).

Pero cometemos un grave error al abrazar sin pensar el Ideal Extrovertido. Algunas de nuestras mejores ideas, arte e invenciones –desde la teoría de la evolución de los girasoles de Van Gogh hasta el ordenador personal— vinieron de gente tranquila y cerebral que supo hacer sintonía con sus mundos internos y los tesoros que se encuentran allí. Sin los introvertidos el mundo estaría exento de la teoría de la gravedad de Newton, de la de la relatividad de Einstein, de La segunda venida de WB Yeats, de los nocturnos de Chopin, deEn busca del tiempo perdido de Proust, de Peter Pan, de 1984 de Orwell, de Cat In the Hat, de Charlie Brown, de las películas de Steven Spielberg, de Google (cofundado por el introvertido Larry Page) y de Harry Potter.

Al respecto, el periodista científico Winifred Gallagher escribe: “La gloria de la disposición que se detiene a considerar estímulos en lugar de apresurarse a participar en ellos es su larga asociación con el rendimiento intelectual y artístico. Ni E = mc2 ni Paraíso perdidosalieron de un animal festivo”. Incluso en ocupaciones obviamente menos introvertidas, como las finanzas, la política y el activismo, algunos de los grandes saltos hacia adelante fueron hechos por los introvertidos. Al Gore, Warren Buffett, Eleanor Roosevelt y Gandhi lograron lo que lograron no a pesar de, sino debido a su introversión.

Punzadas de culpa

Sin embargo, muchas de las instituciones más importantes de la vida contemporánea se han diseñado para aquellos que disfrutan de los proyectos de grupo y de los altos niveles de estimulación. Como los niños, nuestros pupitres están cada vez más dispuestos en fila, lo mejor para fomentar el aprendizaje en grupo, y la investigación sugiere que la gran mayoría de los profesores cree que el estudiante ideal es una persona extrovertida. Como adultos, muchos de nosotros trabajamos para que las organizaciones que insisten en trabajar en equipo, en oficinas sin muros, para los supervisores que valoran el “don de gente” por encima de todo. Para avanzar en nuestras carreras se espera de nosotros que nos autopromocionemos descaradamente. Los científicos que consiguen fondos para sus investigaciones a menudo tienen personalidades confiables, tal vez en ocasiones excesivamente confiables. Los artistas cuyas obras adornan las paredes de los museos contemporáneos logran impresionantes poses en las inauguraciones de las galerías. Los autores cuyos libros se publican –una raza solitaria— ahora son vetados por los publicistas si no están listos para los programas de talk show.

Si eres una persona introvertida, también sabes que una variación en la calma puede causar un dolor psíquico profundo. De niño habrás escuchado a tus padres disculparse por tu timidez. O en la escuela se te pudo invitar a “salir de tu cascarón”, expresión nociva que no tiene en cuenta que algunos animales, de forma natural, llevan su refugio a donde quiera que van, y que algunos seres humanos son iguales. “Todos los comentarios de la infancia aún resuenan en mis oídos, que yo era vago, estúpido, lento, aburrido”, escribe un miembro de una lista de correo electrónico llamada Introvert Retreat. “En el momento en que tuve la edad suficiente para darme cuenta de que yo era simplemente introvertido, que era una parte de mi ser, existió la suposición de que había algo intrínsecamente malo en mí. Me gustaría encontrar ese pequeño vestigio de duda y removerlo”.

Ahora que eres adulto, todavía puedes sentir una punzada de culpa cuando rechazas una invitación a cenar en favor de un buen libro. O tal vez te gusta comer solo en restaurantes y puedes prescindir de las miradas de compasión de los demás comensales. O de que te digan que estás “demasiado en tu cabeza”, una frase que a menudo se despliega contras las personas tranquilas y cerebrales. Por supuesto, hay otra palabra para dichas personas: pensantes.

Extrovertido tímido

Hoy existen casi tantas definiciones de introvertido y extrovertido como de psicólogos de la personalidad. Y continúan poniéndose de acuerdo en varios puntos importantes: por ejemplo, que los introvertidos y los extrovertidos difieren en el nivel de estimulación externa que necesitan para funcionar bien. Los introvertidos se sienten “bien” con menos estimulación, como beber vino con un amigo cercano, resolver un crucigrama o leer un libro. Los extrovertidos disfrutan de la explosión extra que proviene de actividades como conocer gente nueva, esquiar pendientes resbaladizas o subir el volumen del estéreo.

Muchos psicólogos también estarían de acuerdo en que los introvertidos y los extrovertidos funcionan de forma diferente. Los extrovertidos tienden a hacer frente a las tareas rápidamente. Toman decisiones expeditas (a veces de forma explosiva), y se sienten cómodos con multitareas y asumiendo riesgos. Disfrutan “la emoción de perseguir” premios como el dinero y el estatus. Los introvertidos suelen trabajar de forma más lenta y deliberada. A ellos les gusta concentrarse en una tarea a la vez y suelen tener grandes poderes de concentración. Son relativamente inmunes a las tentaciones de la riqueza y la fama.

Algunas cosas que los introvertidos no son: la palabra “introvertido” no es sinónimo de ermitaño o misántropo. Pueden ser ambas cosas, pero la mayoría es perfectamente amistosa. Una de las frases más humanas en el idioma inglés –“Only connect!” (“¡Sólo conecta!”), indudablemente fue escrita por el introvertido E.M. Forster en Howards End, una novela que explora la cuestión de cómo lograr “el amor humano en su apogeo”.

Tampoco los introvertidos son necesariamente tímidos. La timidez es el miedo a la desaprobación social o a la humillación, mientras que la introversión es una preferencia por los ambientes no estimulantes. La timidez es de por sí dolorosa, no la introversión. Una de las razones por la que la gente confunde los dos conceptos es que a veces se superponen (aunque los psicólogos debaten hasta qué punto).

Puedes ser un extrovertido tímido, como Barbra Streisand, que tienes una personalidad más grande que la vida pero que te paraliza el miedo escénico, o un introvertido no tímido, como Bill Gates, que se reserva para sí mismo pero no se inmuta por las opiniones de otros. También puedes ser, por supuesto, tímido e introvertido: TS Eliot fue una famosa alma privada que escribió en The Waste Land que él podía “mostrar tu miedo en un puñado de polvo”. Muchas personas tímidas se vuelven hacia adentro, en parte como un refugio de la vida social que les causa tanta ansiedad. Y muchos introvertidos son tímidos, en parte como resultado de recibir el mensaje de que hay algo mal en su preferencia por la reflexión, y en parte porque su fisiología les obliga a retirarse de los ambientes de alta estimulación.

Pero por todas sus diferencias, la timidez y la introversión tienen en común algo profundo. El estado mental de un extrovertido tímido, sentado tranquilamente en una reunión de negocios, puede ser muy diferente a la de un tranquilo introvertido – la persona tímida tiene miedo de hablar, mientras que el introvertido está simplemente estimulado, y los dos parecen ser lo mismo para el mundo exterior. Por razones muy diferentes, la gente tímida e introvertida puede elegir pasar sus días en un segundo plano como el de la invención, la investigación o agarrando las manos de los enfermos graves –o en posiciones de liderazgo que se ejecutan en tranquila competencia. No se trata de funciones alfa, pero las personas que los interpretan son modelos a seguir de todos modos.

Extracto de: Quiet: The Power of Introverts in a World that Can’t Stop Talking. Susan Cain.
Tomado de: The Guardian. Marzo 13, 2012.
Traducción: José Luis Durán King.

Source: http://www.operamundi-magazine.com/2012/03/por-que-hacen-falta-los-introvertidos.html


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